Oscar Arias

Ni muletas ni padrinos

Precandidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberación Nacional, durante el «Festival de la Victoria», el 6 de enero de 1985, en el Gimnasio Nacional «Eddy Cortés» de San José.


En pocos días, el 27 de enero, los liberacionistas vamos a concluir una hermosa página de nuestra historia política. Ese día, la antorcha del liderazgo político habrá pasado a otra generación. Ese día, entenderá el partido que esto no significa ni un rompimiento, ni una brecha. Entenderá que es una transición armónica, creativa. Comprenderá que es un cambio por y para Costa Rica. Por eso, algunos de los más preclaros y prestigiosos fundadores del partido nos acompañan en este movimiento. Los que no están hoy aquí, habrán de unirse a esta causa y los recibiremos como a hermanos de siempre. Ese día, la más pura voluntad democrática del partido asumirá la responsabilidad de conducir los destinos de la patria. Ese día, sabrán hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales que Costa Rica tiene un partido político donde todos podemos participar, donde la opinión del más humilde tiene el mismo valor que la del más poderoso. Sabrán que tienen un partido que no se puede heredar porque no tiene otro dueño que el pueblo. Sabrán que hay un partido capaz de adaptarse a los tiempos y seguir sirviendo al país.

Ese día, Costa Rica comprenderá que las mejores tradiciones de nuestro pasado se proyectarán sin manchas hacia la construcción de un porvenir más justo y solidario. Ese día, manos agradecidas de nuevas generaciones se estrecharán fraternalmente con las manos curtidas de hombres que nos dieron tanto. Ese día, Liberación Nacional dirá con fuerza que las prácticas viciadas del pasado, transformadas por algunos en rutina, serán erradicadas. Sabremos ese día que la democracia interna será por siempre bastión implacable de la moral partidista y garantía de igualdad política para todos los liberacionistas.

El renacimiento democrático dentro del Partido Liberación Nacional no ha sido fácil. Son cientos y miles los hombres y mujeres que han luchado en silencio. Cientos y miles los que, a lo largo de los años, han persistido, con humildad, por establecer una democracia interna purificadora.

Todavía hay algunos que temen a la democracia interna en el Partido. Débiles ante el futuro, permanecen con la mirada hacia el pasado. Desconfían de las nuevas generaciones a las que ellos mismos ayudaron a abrir oportunidades tan bellas. Siembran la semilla de la discordia hablando de divisiones entre jóvenes y viejos, entre hombres y mujeres. Lo que sucede es que perdieron fe en la grandeza y en la fuerza de los valores por los que ayer trabajaron. Y no se dan cuenta de que, en su obsesión por conservar el poder, lo confunden todo. Sabemos que son pocos y que son siempre los mismos. No nos dejemos arrastrar por la provocación que niega la tradición liberacionista, tan costarricense, de responder a la violencia con serenidad, al insulto con el perdón, a la mentira con la verdad.

Quienes tan tesoneramente hemos luchado por la democratización del partido, estamos hoy aquí. Muchos otros, en cada rincón de Costa Rica, escuchan estas palabras con orgullo.

Nuestro Presidente Luis Alberto Monge es uno de esos hombres, con fe inquebrantable en la democracia interna como el único camino para recobrar la grandeza que Costa Rica exige al partido. Recuerdo haberle escuchado a Luis Alberto que él no requería muletas para triunfar en la convención. Como él lo hizo en el pasado, hoy yo me presento sin padrinos. ¡Ni muletas, ni padrinos! Fe en la democracia y confianza en el pueblo liberacionista: esos son nuestros aliados.

¿Qué sentido tiene la democracia partidista para quienes desean continuar escogiendo candidatos entre cuatro paredes? ¿Qué mensaje puede tener Liberación Nacional para nuestra juventud, si hemos de decirle que los candidatos fueron elegidos a puerta cerrada por unos pocos? ¿Qué valor tiene esta gran convención para aquellos que parecen ofenderse porque la voluntad liberacionista se expresará libremente? Definitivamente, nuestro partido no está al servicio de unos pocos. Definitivamente, las políticas que impulse nuestro partido no pueden representar la voluntad de unos pocos. Por eso, la nueva democracia liberacionista demanda líderes con independencia frente a grupos políticos y a grupos económicos. Exige líderes libres e independientes para comprometerse solo con los mejores intereses del país.

Demanda esa libertad y esa independencia que solo reconoce lealtad a los principios y programas del partido. Por eso, el 27 de enero diremos a toda Costa Rica que, juntos, somos mucho más que dos. Juntos, somos Liberación Nacional al servicio de Costa Rica.

Si dije al comenzar estas palabras que el 27 de enero cerraremos una hermosa página de nuestra historia política, afirmo ahora que ese día abriremos otra página igualmente hermosa, limpia y comprometida con el bienestar y la seguridad de nuestra patria.

Vamos juntos a construir un mejor futuro. Vamos juntos a luchar por la igualdad de oportunidades. Vamos juntos a restaurar los valores espirituales que terminen con la insensibilidad frente a la pobreza. Iniciaremos juntos el camino que lleva a Costa Rica a generar la riqueza necesaria y a distribuirla con la justicia adecuada para transformar a esta tierra en el primer país desarrollado de la América Latina.

No es tarea fácil la que tenemos por delante. Liberación Nacional se ha hecho cargo de una crisis sin precedentes. Aprendimos cómo un mal gobierno de la Unidad contribuyó a aumentar nuestras penurias. El manejo de la cosa pública en ese desdichado gobierno es una lección que los costarricenses no permtiremos que se olvide. Luego de la estabilidad que con sacrificio y armonía ejemplar recuperamos bajo el liderazgo del Presidente Monge, no toleraremos otra aventura.

El pueblo sabe que este no es tiempo para considerar proposiciones de argollas políticas sedientas de poder, culpables del estancamiento y vacías de todo mensaje constructivo. El mensaje de Calderón Junior, el mensaje de la Unidad, no será escuchado.

En el plano externo, las cosas tampoco son fáciles. Hemos visto, en estos días, que debemos lidiar con un vecino que no respeta siquiera el sagrado derecho del asilo político. En el plano internacional, queremos la paz frente a vecinos que propician la guerra, la dominación y la arbitrariedad.

En el plano interno luchamos por el desarrollo económico con justicia social frente a adversarios que pretenden hacer más poderosos a unos pocos, si es que llegaran a alcanzar el poder.

Frente a estas dos amenazas extremas no nos atemorizamos.

Costa Rica tiene un camino propio. Tiene una historia de triunfos frente a la adversidad. Tiene la enorme confianza en la fuerza de la libertad, en la fuerza de su energía espiritual, en la fuerza del amor. Nuestros valores triunfaron ayer y volverán a triunfar ahora.

En ocasiones los costarricenses tomamos las armas, cuando fuimos obligados a ello. Así fue en 1948, cuando sagrados valores estrechamente vinculados a nuestra libertad fueron pisoteados. De esa amenaza surgió grandeza, paz y décadas de crecimiento compartido. Hoy sabremos hacer lo mismo. Gracias a la solidez democrática que heredamos de los líderes de ayer, no necesitaremos esta vez acudir a las armas para vencer los retos del presente. Gracias al pasado de Costa Rica, gracias a aquellos hombres del ayer por tan precioso legado. Gracias por hacernos fuertes para enfrentarnos al mundo exterior sin armas pero con la fuerza de mil ejércitos.

Gracias por permitirnos luchar por la justicia en nuestro país con el voto y solo con el voto. No los defraudaremos. Ni fuera ni dentro de Costa Rica caerá una gota de sangre costarricense en nuestras luchas por la justicia. No los defraudaremos, vamos a vencer en ambos frentes: el externo y el interno. Lo que ustedes debieron hacer ayer con sangre y dolor tiene plena justificación hoy para que nuestra tarea pueda ser con amor y heroísmo.

Hay aquí una fuerza liberacionista que se multiplica en miles y miles de hogares en toda Costa Rica. Es la fuerza que habrá de construir el camino del futuro.
El número uno que ha simbolizado nuestra campaña tiene un significado: el Partido Liberación Nacional es uno solo. El 48 y el 86 se unirán en un solo destino: la grandeza de Costa Rica.

Aquí, ante ustedes, estoy mejor acompañado que nunca liberacionista alguno lo estuvo desde el 48. Esa fuerza, la fuerza de ustedes, la fuerza de Liberación, es la fuerza a la que debo toda mi lealtad y a la que dedicaré todos mis sacrificios.

La antorcha del 48 es la antorcha de Liberación, es la antorcha del 86. Esa tea encendida de esperanzas tiene solo un dueño: el pueblo de Liberación Nacional. Yo acepto el mandato del pueblo liberacionista, de llevar nuestra antorcha al triunfo, con valor, con independencia, con humildad, con criterio propio, sin muletas ni padrinos. Recojo el mandato anhelante que ustedes me entregan, porque estoy persuadido de que el futuro de la democracia costarricense se fundamenta en el vigor de la democracia interna de nuestro partido. La fuerza de Liberación Nacional, la fuerza de todos nosotros, es la fuerza de la victoria, es la fuerza del futuro.

El futuro comenzó hoy, en este histórico «Festival de la Victoria». El destino de Costa Rica está en nuestras manos.

¡Arriba, liberacionistas! Vamos juntos al triunfo. Vamos juntos a conducir a la patria. Vamos juntos adelante, inspirados por una gran pasión costarricense.